Civilizados contra bárbaros
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publicado: 2017-09-27 a las 09:08:22

Chihuahua, Chih., Sábado 17 de Noviembre del 2018

Civilizados contra bárbaros

 
En la batalla entre el Gobierno central y los Bárbaros, sólo cabe el uso de la fuerza civilizadora: es decir, como bien saben los pueblos tercermundistas, de la fuerza bruta“…Todos aquellos que creemos en la vida civilizada”: así comienza el Manifiesto de profesores de universidades españolas sobre la situación en Cataluña, con Savater como primer firmante. Este libelo exige que Catalunya sea invadida inmediatamente por los tanques, la guillotina y las multas monstruosas. A ese primer espada, le siguen 233 firmas más, suponemos que todas ellas orgullosas de ser civilizadas, extremo que no cuadra con los tanques pero, si los firmantes presumen de ser instruidos y refinados ¿quién soy yo para negarlo? Por mero afán clasificatorio, les etiqueto como milicos ilustrados y, por prudencia, evito su proximidad desde el martes 19.IX.2017, día en el que su frustración y su rencor comenzaron a circular por internet.

Este Manifiesto delata su sustancia desde esa primera oración y, sobre todo desde que escogen “civilizada” como su palabra clave. Los firmantes creen en la vida civilizada y la erigen en su banderín de enganche dando por supuesto que Catalunya no es tierra civilizada ergo entendemos que es tierra de bárbaros. Vaya, un país dirigido por políglotas es bárbaro mientras que el otro país, el dirigido por paletos monolingües como Rajoy que ni siquiera habla gallego, es paradigma de la Civilización. Ha vuelto el lema franquista de España como “reserva espiritual de Occidente” –aunque fuera saqueada por la Guardia Mora-.

Comentando la imagen que el neofranquismo se hace de los catalanes, el ilustrado pasquín El retorno de las antiguas diosas (internet, lunes 18.sept), escribía que, para el Gobierno español, los que exigen votar en referéndum “son como los bárbaros de la Antigüedad, salvajes que hablan una lengua ignota y que amenazan las fronteras del Reyno”. Esto conlleva que no se puede negociar con ellos puesto que los bárbaros son peligrosos e intratables o, en el mejor de los casos, niños malos (Kipling dixit).

Por tanto, para estos 234 profesores universitarios, los catalanes no son ciudadanos y no son acreedores de ningún derecho -sólo del deber de someterse a la casta civilizada. Contra ellos no existe ninguna posibilidad de actuar políticamente. En la batalla entre el Gobierno central y los Bárbaros, sólo cabe el uso de la fuerza civilizadora: es decir, como bien saben los pueblos tercermundistas, de la fuerza bruta. Se nota que algunos de los firmantes son historiadores puesto que conocen las tradiciones de los civilizados y hasta exigen que sean reimplantadas contra los barbaroi tarraconensis. Y, ¿qué han hecho los occidentales para embridar a los Bárbaros? Pues invadirlos y colonizarlos.

Estos presupuestos apolíticos son epígonos vergonzantes de un sempiterno imperialismo occidental del que sólo se diferencia en matices banales: antes, el Imperio sometía a los negritos, indiecitos y chinitos y ahora intenta someter al ‘enemigo interno’. ¡Ah, Savater & Co!, qué pena me dan… han caído del Imperio donde no se ponía el Sol al Imperio donde se pone en cuanto sales de Zaragoza.

Por si fuera poca su rotunda separación entre civilizados y bárbaros, el Manifiesto añade otro rasgo que confirma su racismo: líneas después de su segunda adhesión a la Civilización, este panfleto señala que los defensores del referéndum traspasan “todos los límites de la legalidad y de la decencia” (mis cursivas) Léase que, por su condición de Bárbaros, los catalanes son indecentes. Nada más lógico que los salvajes sean sucios. Es más, seguro que algunos de los 234 notables académicos propusieron que, además, se les retratara como obscenos y paganos. Y hasta puede que otros crean que el Govern se reúne en aquelarres a los que llega el President montado en una escoba –huelga añadir, y en pelota picada-.

Supongo que, en su próximo Manifiesto, los 234 se quejarán de que los Bárbaros han internacionalizado su salvajismo. Majadera objeción porque, ¿quién les manda confundir el cosmopolitismo con el imperialismo? Bueno, sabemos que les manda la Voz de su Amo pero, ahondando en sus consecuencias: ¿quién les manda acabar con la Política y abrazar la Colonización?

521 detritus

El Manifiesto sin las firmas contiene 521 palabras cuya lectura completa puede obviarse porque todo él pivota alrededor de la clave “vida civilizada”. El resto, es desechable. Pero, metidos en harina, voy a glosar tres de sus expresiones:

a) Se mofa del “inexistente derecho a decidir”. Parece algo superficial esto de despachar el meollo del asunto con el único adjetivo “inexistente”, máxime cuando buena parte de los 234 estuvieron entre los 4 millones de firmas que, en abril de 2006, presentó Rajoy en el Congreso como apoyatura a la PNL (proposición no de ley) por la que pedía convocar un referéndum para destrozar el Estatut de Catalunya. Sí, la misma campaña que tuvo como lema Todos tenemos derecho a opinar. Ah!, eran tiempos en los que el PP exigía referéndums, aunque los retirara antes de que su fracaso fuera excesivamente notorio.

Pues bien, ilustrísimos 234, mal que les pese, opinar y decidir son sinónimos -o, por si entre Ustedes hubiera filólogos tiquismiquis, parónimos. Decidir es una forma de opinar y viceversa. Claro que la expresión o sintagma “derecho a decidir” no figura en ningún articulado normativo como tampoco figura formalmente el derecho a respirar: porque son la base de todo Derecho. O, como diría un futbolista, de su filosofía. Comprendo que, prisioneros de los papeles escritos, los 234 desprecien todo aquello que no esté tipificado –a ser posible, en el Código Penal- pero ello no les autoriza a confundir la esencia de todos los Derechos con el registro formal que los clasifica.

b) Su psicopática animadversión contra los Bárbaros lleva al Manifiesto a perpetrar graves insidias. Una de las más groseras es escribir que “los nacionalismos del siglo XX llevaron al mundo a dos guerras apocalípticas” con el descarado propósito de tildar a los catalanes de nacional-socialistas. Está feo mezclar churras con merinas pero ésta implica olvidar que las dos guerras mundiales fueron perpetradas bajo las banderas de ese tipo de totalitarismo que, a veces, se disfraza de nacionalismo. Los nazis luchaban por las prebendas del III Reich antes que por Deutschland; los franquistas, por las limosnas del Caudillo antes que por Hispania. Las respectivas Patrias eran (son) no sólo “el refugio de los canallas” sino también la excusa perfecta para el aplastamiento de las pequeñas naciones. Daños colaterales; subsumir la Patria en un personaje físico presenta esos problemillas menores, sean los ídolos un Rey sean un señor con bigote.

c) El Manifiesto llama golpistas a los Votarem en lo que entendemos como la actual inversión de imagen ante el espejo, usada hasta la saciedad por los hijos y los nietos –biológicos o intelectuales, poco importa- de los golpistas franquistas. O versión españolista del dicho “los humildes pájaros disparando a la escopeta totalitaria”. Pero hay más: ¿quién es el abanderado del epíteto?, naturalmente, Ciudadanos. ¿Y quién es el cerebro gris –y tan gris- de esos ultras neoliberales que han surgido como el Séptimo de Caballería para salvar a Rajoy? Naturalmente Francesc de Carreras. Por ello, no me extraña que el susodicho cerebrito publicara poco después el belicoso artículo Debilidad desconcertante del Ejecutivo (EP, 20.sept) en el que, amén de insistir en lo de golpistas, exige que se apliquen inmediatamente en Catalunya los famosos artículos 155 y 116 so pena de que Rajoy pase de “prudente” a “patético” (¡uyy lo que le ha dicho!) Carreras no está entre los 234 pero, sabiendo la afinidad entre la mafia savateriana y esa actualización de UPyD que han llamado “Ciudadanos”, es plausible suponer que ha estado en el origen del Manifiesto.

“Haga uso de la fuerza legítima que al Estado le corresponde en exclusiva”

De mal en peor porque eso es lo que, literalmente, piden al Gobierno central los eximios 234 manifiestativos. Desde luego, originales no son porque están copiando la clásica definición de Estado que escribió Max Weber -por no hablar del perverso Carl Schmitt-. Y, por si no estaba meridianamente claro, remachan: “no duden en recurrir a todos los medios constitucionales sin excepción”. Traducido al roman paladino, dicen precisamente lo que servidor escribía al principio de esta nota: ¡que vayan a Catalunya los tanques y la Legión!, ¡que la invadan sin andarse con chiquitas democráticas ni con escrúpulos legalistas!, ¡que escarmienten a los catalanes con tal ferocidad que la haga inolvidable!.

En este caso, sólo puedo comentar que este coro de 234 vengativas erinias no tiene motivos para preocuparse: el Estado usurpado por los neofranquistas y sus cómplices socialdemócratas siempre usa absolutamente todos los “medios constitucionales” a su alcance. Es más, tanto usa los medios coercitivos –de los redistributivos ya tal- que, frecuentemente, los sobrepasa. ¿O es que se nos han olvidado los GAL de unos y la conjura ministerial contra Catalunya de los otros?

Sólo puedo estar de acuerdo con este Manifiesto cuando usa el reiterativo término de re-caiga (“recaiga sobre ellos todo el peso de la ley”) Bien escrito porque, en efecto, no sería la primera vez que a los catalanes les ha aplastado el peso de la ley española.

Apunte histórico: Alejandro Lerroux, alias Carnicerito de Asturias, Rey del estraperlo y Emperador del Paralelo, fue un ególatra que traicionó a todo el espectro político español: comenzó siendo defensor de los anarquistas y terminó besándole el culo a Franco. Entre medias, fue poli-ministro y presidió el gobierno de la República durante un Bienio negrísimo (1933-1935) durante el cual fingió ser republicano mientras pasteleaba con los militares golpistas. Asimismo, en 1934, aliado con los democretinos de la CEDA, aplastó –huelga añadir, por la fuerza-, la enésima proclamación del Estado Catalán. Cuando aparentemente eran la izquierda corrupta y bocazas, sus sicarios fueron llamados los jabalíes.

Buena parte de los 234 manifiestativos son del Psoe o chapotean en sus redes. Visto desde el punto de vista porcino, la similitud es escandalosa: hoy, el Psoe cría cerditos vietnamitas y luego los abandona hasta que se convierten en una plaga y entonces los ametralla. Ahora y siempre, para mejorar su raza y empeorar las demás, el Psoe quiere ligar con los gorrinos domesticados. Conclusión: el Psoe es la piara de los nuevos jabalíes.

 

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