Bailando en el tiempo
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publicado: 2017-01-02 a las 08:16:01

Chihuahua, Chih., Lunes 12 de Noviembre del 2018

Bailando en el tiempo

  “El secreto de la salud, mental y corporal, está en no lamentarse por el pasado ni preocuparse por el futuro ni adelantarse a los problemas, sino vivir sabia y seriamente el ahora”. (Buda) Es una de las tantas frases, atribuidas a sabios de distintas culturas, que en una u otra forma hacen referencia al tiempo y aseguran, sentencian más bien, que sólo el presente tiene consistencia. El pasado es irrecuperable y el futuro totalmente incierto, pues nadie sabe si amanecerá mañana. Sin embargo, bien vistas las cosas, lo verdaderamente inconsistente y liviano como el polvo es el presente. Es tiempo, pero su duración es cero. El marcador de segundos de un reloj lo visualiza a la perfección. Y la medianoche del 31 de diciembre lo aclama con estruendos de cohetes. Montados en el pináculo del año, no pertenecemos ni al que acaba de irse ni al está llegando.

Pasado+presente+futuro, enlazados, sumados, son igual a tiempo. Pero ¿qué es el tiempo? Que yo sepa, nadie lo ha sabido definir. Para mí, y para no hacerme nudos y líos en la cabeza, la forma gráfica más sencilla y más comprensible de representarme el tiempo es una de estas tres:

El tiempo es la pantalla, el escenario o la plataforma en que se van deslizando o sucediendo los acontecimientos. En esta representación el tiempo no se mueve. Lo que se mueve es la acción, es la vida. La vida propia y/o la vida colectiva. Como la pantalla en una sala de cine. Sobre ella, sobre la pantalla quieta, se desliza película de una vida, de una guerra, de una historia, de lo que sea.

O el tiempo es una cinta corrediza. Como la que en el aeropuerto, al final del viaje, va entregando las maletas de los viajeros. O el celuloide en el que se ha grabado algo, imagen grabada que podemos reproducir o volver a ver. El tiempo corre y con él cuanto caiga en sus redes.

O el tiempo es una saco enorme, cuasiinfinito, en el que va cayendo cuanto sucede y en el que irá cayendo cuanto vaya a suceder.

De lo dicho hasta aquí, lo único que está claro y se entiende a la primera es que, sea lo que sea el tiempo, como quiera que lo queramos representar para hacerlo más comprensible, está íntimamente relacionado con el acontecimiento que llamamos vida. Cierto es que una vez acaecido un hecho, éste carece automáticamente de entidad física y viene a ser irrecuperable. Una maleta perdida se recupera o puede recuperarse. Una amistad o un amor perdidos, pueden rehacerse, pero recuperarse, nunca. El tiempo y el lugar de un trozo de vida con calzones de pretérito pasado, pasado e irrecuperable es para siempre.

Sin embargo, algo que en un momento fue vida puede seguir vivo, pero con o en vida distinta, en vida que se llama memoria o historia. Contada, escrita, esculpida, pintada, filmada o grabada en alguna otra forma. En este sentido, el pasado está lleno de vida. Una vida no precisamente artificial, ya que nuestra vida, ésta que estamos viviendo, puede nutrirse de ella, como se nutre de vida el cuerpo cuando ingiera un alimento, una medicina o un antibiótico.

Reflexiones como ésta que estoy haciendo-escribiendo, ganan relieve o caen de pie en determinado días o momentos. Como éste. Son las 12.00 del mediodía del día 30 de diciembre de 2016. En 36 horas, estaremos entrando en un año nuevo, el 2017 y lo que ahora estoy haciendo será para siempre tiempo pasado. La verdad que el presente, como tiempo, es bien poca cosa. Por mucho que nos repitan que ni el pasado ni el futuro importan como el presente. El presente es como apagar de un soplo un fósforo encendido. Se apagó y el fueguito que era ya no es ni volverá a ser. Jamás. ¿Y el fósforo y el soplo y el fueguito y yo y todos y todo, caeremos también en un saco sin fondo, en el hueco negro de la nada?

Se me fue la mano, no quería decir eso, no quería preguntar eso ni meterme en esa camisa de once varas. Disculpen.

A las 12:00 de la medianoche el 31 de diciembre no pienso enterrar, no quiero enterrar, no puedo enterrar el año 2016. Sucedieron en él cosas muy bellas por las que quiero dar gracias a quien o quienes participaron en ellas. La ciencia, los científicos, han descubierto maravillas que nos estaban ocultas, gracias a las cuales le será posible al hombre protegerse en el futuro contra tal o cual enfermedad. Se ha logrado fabricar, por ejemplo, la vacuna del ébola o se han dado pasos firmes para hacerle frente en un futuro próximo al alzheimer. No sé en qué forma y medida será beneficioso para la humanidad el descubrimiento de las ondas gravitacionales, pero me dicen que sí, y lo creo y me alegro de ello y me felicito y doy gracias. Y otrosí digo con igual alegría de otros descubrimientos astronómicos y astrofísicos que no entiendo y sin entender, admiro.

En otro orden de cosas, creo, por ejemplo, que Colombia recordará el año que se va , se va, se va … como el año que no se fue, el año en que los colombianos encontraron los caminos de la paz, soltaron en el hueco negro del olvido el medio siglo de violencia, de destrucción y de muerte y aprendieron a vivir de nuevo como hermanos. Recordarán el 2016 como año de bendiciones.

Un hecho muy importante sucedido en el mes de marzo de este año que fenece es en mi mundo de valores la publicación de la Exhortación Apostólica Amoris laetitica – La alegría del amor del Papa Francisco. Creo que por primera vez en la historia de la Iglesia Católica, un papa habla del amor entre hombre y mujer en términos naturales y humanos, exentos de prejuicios y de miedos. Se han abierto las puertas, se han dado pasos firmes conducentes al descubrimiento de una teología nueva y Visto desde otro ángulo, la Exhortación Apostólica ha destapado la olla del ultraconservadurismo que se escondía en la Curia Vaticana. Los enemigos del Papa Francisco han salido corriendo, como las cucarachas que corren espantadas por el insecticida. Cuatro cardenales amenazan o hacen amagos de amenazar al Papa, declararle hereje, destituirle. No tienen pista ni motora con que recorrerla. Al retirarse sin que nadie les empuje, facilitarán la reforma de la Curia Vaticana.

2017 hereda también del 2016 muchos problemas, algunos gravísimos. No necesito detenerme a descorrer velos. Los hechos están a flor de suelo, son más que conocidos por todo el mundo. La guerra de Siria, las facciones sirias y no sirias que intervienen en ella, las cuentas del medio millón de muertos y de los varios millones de desplazados de sus casas y de su tierra que arrastra, las ruinas que siguen humeando, es algo que no se resuelve ni zanja con un acuerdo de paz de 2×3=6, ya está, todo arreglado, a beber y a bailar todo el mundo. Y por los mismos lares, las cuevas del Estado Islámico y sus turbantes y sus barbas de terrorismo salvaje como nunca ha conocido la historia otro igual. E Irak y Afganistán y Yemen y Eritrea y Sudán y Nigeria y sigue-la-lista que les cortaron los pies y no pueden caminar. ¡Ayyy! Y los caminos y los campos de los refugiados en Jordania, en Líbano, en Turquía, en Grecia. Y las puertas de Europa, de la gran Europa, la cuna de la civilización occidental y de la “Liberté, legalité, fraternité” cerradas al dolor y la desesperación de los sin-patria …

También a este lado del Océano hay herencias difíciles de sobrellevar y reparar. Cerca nos queda Venezuela y su revolución bolivariana que le está conduciendo a ningún lado. Y aquí, en Estados Unidos, a partir del día 20 … Mientras no me demuestren lo contrario, seguiré pensando que Donald Trump es un chofer sin carnet de conducir que no va traerle a su País ningún bien y, al contrario, le va a producir muchas abolladuras y muchos desperfectos.

Lo peor de todos estos males es que no sanan por sí solos. Mucho menos sanan cubriéndolos con quejas.

¿ … ? Hace unos días, exactamente la noche del día 25, apenas pude dormir, acosado de pesadillas tontas. Me decía y me reprochaba y me repetía e insistía que los viejos, gastados, inútiles que, como yo, no rendíamos nada en provecho de nadie, estábamos de sobra, deberíamos desaparecer del mapa. No le pedí a Dios que me llevara, pero tampoco me faltó mucho. A la mañana, como de costumbre, abrí el correo electrónico a ver si alguien se había acordado de mí y efectivamente, Mirian, mi buena amiga brasilera, me saludaba desde Sao Paulo. Y me decía que la página del blog escrito el día anterior le había venido de perlas, providencial, como escrito pensando en ella, que me daba gracias por haberla escrito y que varias amigas del trabajo se la habían pedido para colgarla en sus facebooks y que siguiera escribiendo. Mira tú por dónde … Todos podemos aportar algo, una palada de arena … , o de palabras … , o de sonrisas … Podemos ser “instrumentos de la paz”, de una mejor convivencia humana …

Podría ser mi aportación al 2017 y a sus problemas heredados y a los nuevos que se le vayan acumulando.

Javier Arzuaga

 

 

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