Sobre el caracter vasco
Esta nota la han leído: 242 Personas
publicado: 2016-08-29 a las 22:06:55

Chihuahua, Chih., Lunes 12 de Noviembre del 2018

Sobre el caracter vasco

  Hoy nos ocupamos de la conferencia que dio en 1946 don Manuel de la Sota en el Instituto Gernika de San Juan de Luz, acerca de “El carácter vasco”. Es original y muy personal.

Se trata de la primera de cinco conferencias preparadas en New-York a instancias de la “École Libre de Hautes Etudes”.

El conferenciante definió el carácter como “conjunto de manías espirituales que identifican a un hombre”; pero no pretende que esta definición satisfaga a todos. Espero -dice- que no estaréis conformes con ella ni con mi conferencia y que tampoco estaréis conformes entre vosotros sobre los motivos que tengáis para estas discrepancias conmigo. Lo último que un vasco da a otro, es la razón, y casi prefiere que le amputen una pierna que dar su brazo a torcer.

 

¿Qué es lo que más singulariza el carácter? ¿Las virtudes o los defectos?. A juicio del conferenciante lo que más interesa y matiza una personalidad son los defectos; las virtudes, desde un punto de vista psicológico, son monotemas, parecidos en todos los pueblos; no así los defectos, y de ahí su interés. El amor al hogar es una de las cualidades más excelsas de lo vasco; pero atrae más ese anhelo de aventura, que ha forjado el alma universalista de nuestros descubridores, de nuestros ma­rinos, de nuestros misioneros. La ambición es un vicio; pero ¿qué hubiera sido de nuestro pueblo si ella no hubiera batido, como tentación diabólica, en los hogares de nuestra tierra? La soberbia es un gran defecto; pero esa dignidad que ha distinguido a los vascos en el exilio es consecuencia de ese orgulloso concepto de la personalidad que lleva todo  vasco.

Refiere a este respecto una anécdota ocurrida en New-York, a raíz de su encuentro con Aputzi, un eibarrés, hombre bueno y confiado, que andaba por aquella inmensa metrópoli con esa naturalidad y aplomo con que los vascos se mueven por el planeta. Una noche se reunió con Aputzi y otros vascos, en un cuchitril de Brooklyn para discutir, mientras cenaban, de todos los problemas que afligen a la humanidad. Hablaron de los defectos de los vascos y uno de Nachitua aseguró que los vascos tienen “defectos” grandes, a lo que Aputzi contestó, dando una chupada al puro: “Defectos grandes cualesquiera tiene; pero solamente los pueblos de “perduransia” y “sustraía” tienen defectos importantes.”

Y tenía razón Aputzi. A nosotros, los vascos, nos sucede lo que a las ostras, cuyos defectos son perlas preciosas. Por ello, acaso, sucede a veces que algunos de los defectos ascienden al rango de fuerzas creadoras, mientras que virtudes que debieran ser fecundas, al ser violentadas por una intransigencia fanática, descienden a la categoría de defectos malignos. Todos los vascos llevamos dormido en nuestro almario, no un militar, porque somos antimilitaristas; pero sí un guerrillero, porque somos montaraces, y éste despierta con furia cuando siente que le disputan convicciones que lleva incrustadas. Las opiniones en el vasco son más difíciles de extirpar que en otros individuos, porque las tiene por herencia y no por haberlas adquirido.

El conferenciante considera muy difícil definir el carácter vasco, por ser bastante contradictorio. No es el vasco hombre de dos caras; pero sí de anverso y reverso; hombre que vive rodeado de “peros”. Amante de su país, pero… ; moral en sus costumbres, pero... ; de espíritu religioso, pero... Todo vasco es su propia excepción, y las excepciones de los vascos son las que tienen un sello más racial, sobresaliendo como nota común característica de nuestro pueblo, un espíritu dinámico, rebelde y universalista. No es el vasco un laberinto ni un problema de palabras cruzadas; es... un  pasillo oscuro.

Rasgo importante de los vascos es la fuerza imborrable del recuerdo y tiene como aliados el tiempo y el silencio. El vasco calla; y cuando calla no es que otorgue, sino que espera para mejor ocasión, dejando pasar en silencio para conseguir más tarde. A fuerza de callar, dejar pasar y no olvidar ha realizado el milagro de perdurar. Viviendo de sus reservas espirituales, se desentiende de todo lo que venga de fuera en forma de opinión. No escribe; los antepasados, si algo escribieron, fue sobre piedra, y no sobre papel; sobre les dinteles y las sepulturas y no sobre los códices. De esta reserva dimana otra particularidad, su desconfianza; desconfía de todo lo que no conoce: del hombre, de los adelantos científicos, de las innovaciones políticas y hasta de las cuestiones religiosas, pues más que dudar desconfía.


El vasco es sincero, pero no le gusta prodigar la sinceridad, no la despilfarra. El sí y el no escuetos no se han hecho para el vasco; antes de aceptar o decir una cosa, la tritura dentro de sus sesos; no engaña, no apela a las mentiras, pero tampoco suelta las verdades. Si la ingenuidad es una virtud, el vasco no es virtuoso.

Característica muy particular del vasco es su sobriedad en el pensar; no es de imaginación exuberante ni de pensamiento limitado, pero sí hombre que limita sus pensamientos; piensa poco, paro a tiempo; pocas cosas cada vez y cada una que pueda caberle en la cabeza; no se volverá loco por pensar demasiadas cosas al mismo tiempo, pero sí por pensar demasiado en una misma cosa. La sensatez del vasco consiste en no pensar más allá de lo que es capaz: y como la regla que usa para medir sus aspiraciones es la realización, a menudo consigue lo que se propone; en Euzkadi hay pocos sabios, pero muchos cuerdos, con ese ligero toque de chifladura que es la sal de la cordura.

La soledad de las montañas, de los caseríos diseminados y aislados que constituyen el paisaje vasco, ha formado la fisonomía austera y apacible del vasco, sin que el sentido de su soledad sea antisocial, sino eminentemente sociable, como un paisaje que es sencillo, amable y proporcionado. El vasco es ciudadano del mundo más que de la ciudad; y ese espíritu de soledad universalista ha producido uno de los tipos más interesantes del pueblo vasco, el aventurero.En todas las manifestaciones del carácter vasco se revela su espíritu civil y constructivo; se hace constructor de sociedades, fundador de pueblos.


 

 

Comentarios:

QuiénComentario
Soy:
Comentario:

Soluciones Web